Julio 29, 2007
— ¿Te gustan los anales?
— ¡¿Los anales de la historia?!
—Se sonroja.
— No, tío, enchufarla por detrás.
— Me gustaría probar.
— ¿Y se la enchufarías a un tío?
— No.
— ¡Curioso! Es lo mismo pero…¿Qué te gustaría, tocar una tetilla mientras tanto? Te entiendo. Yo también quiero probar los anales.
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Escrito por durmiendoconelenemigo
Julio 29, 2007
No sé cuántos años tendría, pero por entonces los niños aún jugaban en la calle. Recuerdo que las chicas del barrio incluso sacábamos a las Barbies de casa y sentadas en el suelo jugábamos a vestirlas y peinarlas.
Uno de los vecinos, un post adolescente solitario que en la actualidad es un ex heroinómano divorciado, corría de un lado a otro montado en su bicicleta y experimentaba con su cuerpo los condimentos químicos que algún camello le pasaba a buen precio. Era y es una de esas personas que jamás sonríe, con una mirada que si la has visto alguna vez es imposible olvidar, quizá por morbo, quizá por miedo… Una mirada hecha por unos ojos que son una mezcla de persona sufridora y de malo de película.
Fue uno de aquellos días de Barbies, calle y pantalones sucios. Él iba montado en su bicicleta y yo caminaba, probablemente en busca de algún balón que se nos había escapado. De repente le vi a escasos metros pedaleando. Iba muy deprisa y se dirigía hacia mí. No me daba tiempo a apartarme de su camino. Lo único que recuerdo es que me caí al suelo y bicicleta y vecino pasaron por encima de mi espalda. Instantes después, me di cuenta de que estaba tumbada en el suelo, sola, así que me levanté notando el dolor y salí corriendo aterrorizada y pensando: “Esto huele a castigo”. Sabía que alguien había hecho algo mal, pero no sabía si había sido él por atropellarme o yo por estar en medio.
Nadie vio lo que había ocurrido y a nadie se lo dije, así que yo misma lo olvidé. Apenas me dolió la espalda y al día siguiente supongo que bajaría a jugar como todos los días.
Hace un año fuimos a pasar el día a Ámsterdam con la intención de conocer el Barrio Rojo y, sobre todo, de conocer los famosos coffee-shops. Había calles en las que estaba prohibida la entrada a menores y eran tan estrechas que sólo podían pasar una o dos personas a la vez. A ambos lados, por supuesto, había prostitutas de todos los colores y tamaños vendiéndose al mejor postor. Otras calles mucho más amplias iban a parar a los canales y puentes que cruzan todo Ámsterdam y estaban plagadas de bicicletas que circulaban hacia todas partes. Un paso en falso y podías caer al suelo empujada por un biciclo. Fue entonces, agobiada en medio de un montón de bicis cuando recordé la historia del vecino que se me subió a la chepa.
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Escrito por durmiendoconelenemigo
Julio 26, 2007
- Acaba de entrar en el mundo online. Se encuentra en la Web 2.0. Como puede ver está situada en medio de blogs, fotologs, myspace y otras versiones de diarios personales públicos. Si necesita algo, escriba y le atenderemos lo más rápido posible. Le deseo una agradable estancia.
- Gracias.
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Escrito por durmiendoconelenemigo