Tintorería

Octubre 17, 2007

Hoy he limpiado las pelusas de ti que quedaban en mi habitación, he cambiado las sábanas por unas de dormir sola y he llevado a la tintorería algunos buenos recuerdos. Hoy quiero olvidar con cuidado, deshacerme de los objetos con marcas de dedos. Tiraría la cama por la ventana si ésta no midiera 1,35 y la ventana no diera a un patio interior.

Camino deprisa, con una mueca en la cara y con una bolsa repleta de recuerdos en las manos. Y en la tintorería:

— “Lo tendrá listo en diez días”.

— Vale gracias.

Otra vez a esperar… ¿alguien quiere una cerveza?

A ver si esta vez no quedan manchas…


Y una maniobra de escapismo

Octubre 16, 2007

Tengo una crisis para ti.

Ya empieza el show (aplausos)

de las 60 voces.

Y si te como en el parquet… Fiesta

con mis vocecillas, qué ilusión.

Hay un Phil Collins en mi cabezón.

Marlene, la vecina del ártico (Maniobras de escapismo, Love of Lesbian)


Dos cuentos chinos para niños del Japón

Octubre 15, 2007

Suena el despertador gritando como una gallina, lo apago, corro a la ducha, me seco, me visto, pienso en café… no me da tiempo, salgo de casa, me pongo la cazadora por las escaleras, corro hacia la parada del autobús, me subo a él por los pelos y…

Me amo

Mi canción preferida de últimamente para escuchar cuando te levantas y tienes tiempo de escuchar, en mi caso, en el autobús. Me amo y Villancico para mi cuñado Fernando que, por alguna razón, me hace mucha gracia.

Cuentos chinos para niños del Japón de Love of Lesbian
(mi grupo favorito de esta quincena)


Rodrigo de Guevara despierta

Octubre 8, 2007

Crujen los barrotes de hierro cuando enganchan sobre ellos el enorme plástico que los cubre. Como cualquier día a estas horas, los vendedores ya están armando los puestos y sacando todos los bártulos a la venta. Parece que puesto y enseres van a terminar en el suelo, pero consiguen soportar sus ochos horas de trabajo a pesar del óxido y de su inclinación respecto al suelo. Su amago de perpendicular es muy parecido al mío cuando camino entre ellos. Contagio del ambiente, sincronía. 

Se me ha vuelto a hacer tarde otra vez. Entre copas y conversaciones repetidas una y otra vez, me ha dado la hora del pincho de tortilla y aún sigo sin dormir. Decido engullir el pincho rápidamente para dejar de apestar a güisqui revenido y me presento en el banco. Las piernas me pesan y, a pesar de que sólo hay cuatro personas delante, me parece una cola interminable. Por fin llega mi turno, balbuceo que voy a hacer un ingreso, entrego un papel y el dinero que, después de haberlo contado varias veces, no me fío de que esté bien, por lo que obligo al hombre que está sentado tras el ordenador y un mostrador más alto que él a que lo vuelva a contar, fijando previamente su mirada en mis ojos perfilados de rimel corrido y legañas negras. Me dice que es correcto y suelto un “gracias, hasta luego” envuelto en una bocanada de aire etílico. 

Ya he conseguido hacer algo de provecho, ahora sí me puedo ir a dormir tranquila, no sin antes pensar en “joder cuánto te quiero” y en “joder cuánto me desprecias” y en que destrozaría tu preciosa vida de comodidad si quisiera, pero no quiero. Así que me meto en la cama y me abrazo a mis cojines y me quedo dormida entre lágrimas y mocos… y más mocos.