Sombras en la calle Humilladero a las once y media. Sin cable de cobre no hay pies, todo el mundo flota y tras los contenedores de basura ves dientes y ojos que fijan la mirada en tus ojos.
Mientras levitas entre sombras, agarras el móvil con fuerza y coges las llaves de casa a modo de navaja. En esos momentos crees que serías capaz de abrir en canal cualquier cuerpo que se ponga por delante con la simple ayuda de tus llaves.
Tiritas y castañeteas los dientes para que se note que no tienes miedo y decides utilizar el móvil como linterna. Ya armado, encoges el cuello tratando de ocultar tu cabeza dentro del abrigo.
¡Preparado para el asalto! Linterna en una mano, navaja en otra y escondiendo el rostro. Cual hombre sin cuello avanzas y esto lo haces como si fueras pisando huevos, como si tuvieras un año y estuvieras aprendiendo a caminar. Palpas con los pies la calle Humilladero y por fin llegas a Desengaño. Resoplas, guardas tus armas y sacas la cabeza del abrigo. Miras a un lado y a otro, pero nadie te ha podido ver sin luz… Silbas.